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Espacios de aprendizaje al aire libre: Una oportunidad para combatir el rezago educativo

Los espacios de aprendizaje al aire libre están tomando un papel protagónico para continuar los procesos educativos y combatir las condiciones de desigualdad que hoy experimentan miles de niños, niñas y jóvenes.



Con escuelas cerradas y una brecha digital muy marcada (casi el 55% sin un dispositivo digital en el hogar) los estudiantes no han podido mantenerse al día en su proceso educativo. El rezago empeora por cada minuto adicional que las escuelas permanecen cerradas y con la falta de acceso a los recursos, apoyo o tecnología necesarios para mantenerse actualizados en términos de trayecto educativo.


En el caso de México, se estima que 10 millones de estudiantes de educación básica (hasta nivel medio superior) no pudieron seguir regularmente sus clases en línea, por lo que ahora se encuentran en situación de rezago educativo (Xaber, 2020). Al no existir una estrategia concreta de atención a este problema, se estima que este año por lo menos 20% de ellos están en peligro de dejar la educación formal para siempre (México Evalúa, 2020).


Ante este panorama, y teniendo en cuenta que las medidas de distanciamiento social se mantendrán vigentes, es indispensable definir e implementar alternativas que apoyen la recuperación del proceso de aprendizaje de las niñas, niños y jóvenes. Pensemos en estrategias que combinen los elementos necesarios para combatir el rezago en este momento y que abran caminos seguros y atractivos para continuar con éxitos su trayectorias de formación.

En este sentido, la mejor apuesta para lograrlo, -tomando en consideración las condiciones actuales-, son sin duda los espacios de aprendizaje al aire libre.


La alternativa que ha tomado fuerza en el mundo: los espacios de aprendizaje al aire libre

Cuando mantienen condiciones sanitarias adecuadas y se regula el espacio de interacción entre personas, los espacios al aire libre disminuyen el riesgo de transmisión de enfermedades como el Covid-19 y fomentan una interacción social más sana.


Es por ello que países como Dinamarca y Nueva Zelanda, han comenzado a integrarlos como parte de la estrategia para una vuelta a clases más segura. Siguiendo sus pasos, la Asociación Nacional de Educación en la Naturaleza, ha diseñado una estrategia para adecuar las prácticas educativas a la crisis, que ya ha sido avalada por epidemiólogos y pedagogos y comienza a ponerse en práctica en algunos lugares de España.


Esta consiste en recuperar algunas dinámicas de colaboración entre estudiantes-docente, a partir de la formación de “grupos burbuja”, que plantean reunir a máximo 10 estudiantes en lugares como patios escolares o parque públicos, por sesiones de una hora a 90 minutos. La idea es que tanto los grupos, como sus docentes asignados, eviten convivir con otros alumnos y así mantener las condiciones de seguridad.


La estrategia ha permitido a las y los estudiantes volver a compartir el espacio con sus compañeros, así el tamaño más reducido del grupo le da oportunidad a el maestro o maestra de jugar un rol de tutor y brindar atención más personalizada a cada estudiante, atendiendo mejor sus necesidades.


Además de ello, estudios recientes nos indican que permanecer al aire libre durante una parte significativa de la jornada escolar, ha ayudado a los estudiantes a reducir sus niveles de estrés y mejorar su bienestar emocional en poco más del 40% (previo a la vuelta a clases).

Esto se traduce en una mayor calidad del desempeño educativo, mayor apertura al desarrollo de nuevas habilidades y libertad creativa. Con ello, se estima que es posible superar hasta cuatro meses de rezago en un periodo de un año.



Seguridad y calidad educativa para todos


Los espacios de aprendizaje al aire libre son una excelente opción para garantizar un acceso equitativo a experiencias de aprendizaje de calidad para todas y todos los estudiantes, respondiendo, con ello, a la desigualdad de aprendizajes provocada por la brecha digital.


Un ejemplo de ello es el caso del Urban Thinkspace, que, integrando estructuras de bajo costo, se instaló en uno de los barrios más vulnerables de la ciudad de Filadelfia, que ha permitido a sus usuarios combinar efectivamente la educación formal con experiencias de aprendizaje al aire libre, basadas en el juego y la experimentación.

Espacios de dimensiones similares pueden convertirse en lugares que ofrezcan a sus usuarios la oportunidad de explorar dinámicas de aprendizaje colaborativas de alto impacto, conservando las medidas de seguridad y sanidad. Pero lo más importante, es que promueven un entorno de educativo mucho más accesible para todos los niños, niñas y jóvenes.

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