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México: Uno de los peores sitios del mundo para ser joven

Enfrentan niveles de desigualdad, riesgo de sufrir violencia y falta de acceso a oportunidades en una escala alarmante.



5 datos para entender la gravedad del problema:


1. Dos de cada diez asesinatos que se cometen en el país ocurren a jóvenes de entre 12 y 24 años.


2. México ocupa el primer lugar en violencia sexual a menores, además de que solamente 1 de cada 10 casos se reporta.


3. Las adicciones en adolescentes aumentaron en 125% en solamente 7 años.


4. Solamente 4 de cada 10 jóvenes participan activamente en la vida pública de sus comunidades


Las 3 grandes razones por las que es terrible ser joven en México hoy:


Derivado de estas condiciones, existen tres grandes razones que convierten a México en el país más peligroso para ser joven:

1. La poca movilidad social los condiciona desde temprano


México tiene una de las movilidades sociales más bajas del mundo, equiparable a las de economías en desarrollo, como la India. Esta falta de movilidad social se debe principalmente a la existencia de una gran brecha de desigualdad socioeconómica e indica que existen pocas condiciones estructurales para que una persona mejore sus opciones de desarrollo y bienestar futuros.

Para los adolescentes y jóvenes de México, la condición social de su familia determina el tipo de oportunidades educativas y laborales a las que tienen acceso, casi desde que nacen. Debido a esto, 4 de cada 10 de ellos no podrán acceder a la educación superior por falta de recursos, o porque en algún momento de su vida, tendrán que decidir entre comer o ir a la universidad.


Esto los llevará a tener que buscar trabajo prematuramente y con poca formación, por lo que sus opciones no serán las mejores y en muchos casos, un empleo precario, los conducirá a buscar mejores ingresos y oportunidades en las redes de la delincuencia y el crimen organizado.

2. La violencia está en su entorno más cercano


Tendemos a pensar que los adolescentes que se encuentran en mayor riesgo tanto de sufrir como de practicar violencia, son los que ya conviven en entornos de alto riesgo o que presentan ciertas conductas delictivas, como el consumo de drogas. No obstante, estudios como la Consulta Infantil y Juvenil 2018, muestran que es más probable que los adolescentes perciban violencia en su propia casa (59%) o en la escuela (53%), que en la calle (34%) y por lo tanto sean más vulnerables ante sus efectos.


Esto condiciona la manera en que se desenvuelven dentro de su comunidad, sus niveles de autoestima y también el tipo de proyectos que se plantean a futuro. Aunque esto no significa que todos ellos se convertirán en delincuentes, sí padecerán los efectos relacionados con esta condición en su vida adulta, reflejándose en su salud mental y física o en una difícil proyección laboral e inestabilidad económica.

3. Falta de oportunidades para reorientar su futuro


Ahora hablamos de la juventud que ha sido olvidada: la que vive en reclusorios y ve sus oportunidades aún más limitadas. Estudios nos muestran que en México, 89% de las y los adolescentes que hoy se encuentran en las correccionales habían trabajado antes de cometer el delito que los llevó a prisión. Todos ellos, hablaron de tener como antecedente un empleo precario y sin ningún tipo de prestación social que les permitiera ver una diferencia en sus condiciones de vida.

Si bien se espera que los centros de detención reformen a los jóvenes y les preparen para tener un futuro distinto al salir, ocurre lo contrario. Con solamente dos horas de clases a la semana, pocas actividades deportivas y artísticas y mala atención de su salud física y mental, solamente 22% de ellos tendrán una expectativa de vida diferente al recuperar su libertad.


Estas tres grandes problemáticas sirven para darnos una idea de la gran dificultad de los retos que los adolescentes y jóvenes enfrentan actualmente y de las pocas herramientas que nosotros, como sociedad, estamos brindándoles para que construyan mejores condiciones para nuestro futuro.

Si bien esta cuestión no tiene una respuesta sencilla, lo cierto es que buscar alternativas para construir comunidades más seguras, asegurarnos de que en su día a día, tienen acceso a recursos y a personas que entienden la problemática a la que se enfrentan, y que tienen genuino interés de plantear soluciones que corresponden con su visión y aspiraciones son dos maneras de abonar a una posible solución.


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